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CINE, EL MUNDO ES MI PANTALLA

El cine es una versión de la vida. Como otros medios e instancias, el cine es un productor de sentido, que revela o encubre, pero su acción siempre es producir sentido. Los académicos y la industria cinematográfica han intentado determinar los tipos de cine, pero en realidad estos son definiciones que simulan la existencia de un orden en la producción de sentido, los géneros son pálidas referencias que, sin embargo, delatan la evidente afinidad del cine con eso que llamamos vida y que, cuando intentamos definir, se descompone en muchas, infinitas interpretaciones.

Los tipos de cine también han dado lugar al cultivo especializado, a la alquimia de géneros, a la hibridación intencional, son sentidos que producen otros sentidos. El cine podría constituirse como un ejemplar modo de vincular la experiencia humana y el tiempo. El cine, en este sentido, es mímesis; no podría pensarse en un cine aislado de la vida. Un cine que no fuera versión de la vida no sería cine ni sería nada. El recuerdo de las primeras exhibiciones trae a cuenta el extrañamiento de los espectadores: lo que vieron sus ojos les pareció algo real. Quizás por ello se cuenta que los atemorizó la imagen del tren aproximándose.

La diferencia entre la representación y la realidad era, para aquellos noveles ojos, nula. Y el encanto que suscitan las imágenes de las películas, la condición de veracidad de lo mostrado; el cine invadido de efectos especiales es una muy elaborada metáfora de la vida vista a través de la imaginación. El cine ambiciona hacer eco de la vida, ser su caja de resonancia, su microscopio o su telescopio.

El cine es un productor de sentido relativamente nuevo. Integrista, se jacta de tener la capacidad de incluir en sí mismo a otras artes: la música, la danza. Pero sin dejar de ser cine. En su joven historia ha conseguido tutelar a la era mediática; el lenguaje audiovisual ha sido el vehículo predominante de comunicación e interpretación social.
El cine es un ratificador de la linealidad de la vida, Esta posibilidad, sin embargo, diluiría uno de los atributos del cine como experiencia comunitaria al recluirla en el estrecho espectro de la experiencia individual.